La esclerosis lateral amiotrófica, a menudo llamada ELA o enfermedad de Lou Gehrig, es una compleja afección neurológica que afecta a las células nerviosas que controlan el movimiento muscular voluntario. Es una enfermedad progresiva, lo que significa que empeora con el tiempo. Aunque las causas exactas de la ELA no se comprenden por completo, la investigación sigue explorando factores genéticos y ambientales.
Este artículo tiene como objetivo proporcionar una visión general clara de la ELA, cubriendo sus síntomas, diagnóstico y la comprensión actual de los tratamientos y la investigación.
¿Qué es la esclerosis lateral amiotrófica (ELA)?
La esclerosis lateral amiotrófica, a menudo llamada ELA o enfermedad de Lou Gehrig, es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a las células nerviosas del cerebro y de la médula espinal. Estas células nerviosas, conocidas como neuronas motoras, son responsables de controlar el movimiento muscular voluntario.
A medida que la ELA avanza, estas neuronas motoras se descomponen gradualmente, lo que provoca debilidad muscular, parálisis y, finalmente, insuficiencia respiratoria. Esta afección repercute en la capacidad de moverse, hablar, tragar y respirar, pero por lo general no afecta a la sensibilidad ni al intelecto.
¿Qué tan común es la ELA?
Las estimaciones sugieren que la ELA afecta aproximadamente de 1 a 2 personas por cada 100,000 en todo el mundo.
La incidencia de la ELA tiende a aumentar con la edad, y la mayoría de los diagnósticos se producen en personas de entre 40 y 80 años. Los hombres también tienen una probabilidad ligeramente mayor de desarrollar ELA que las mujeres, aunque esta diferencia se reduce en los grupos de mayor edad. La enfermedad puede afectar a cualquier persona, independientemente de su raza o etnia.
Comprender la prevalencia ayuda a planificar los recursos sanitarios y los sistemas de apoyo. Aunque las cifras puedan parecer pequeñas en comparación con otras afecciones, cada caso representa un impacto significativo para los afectados y sus familias.
Tipos de ELA
La ELA no es una afección única y uniforme. A menudo se presenta con variaciones, y comprender estas diferentes formas ayuda a captar el alcance total de la enfermedad. Aunque el problema central reside en la degeneración de las neuronas motoras, la forma específica en que se manifiesta puede variar.
¿Qué es la esclerosis lateral primaria?
La esclerosis lateral primaria, o ELP, es un trastorno poco frecuente que afecta a las neuronas motoras del cerebro. A diferencia de la ELA, la ELP afecta principalmente a las neuronas motoras superiores. Esto significa que las personas con ELP suelen experimentar rigidez muscular y espasticidad, en lugar de la debilidad muscular y la atrofia que se observan más comúnmente en la ELA clásica.
La progresión de la ELP suele ser más lenta que la de la ELA y, en algunos casos, puede no afectar significativamente a la esperanza de vida. Sin embargo, puede seguir provocando dificultades de movilidad y molestias considerables.
¿Qué es la atrofia muscular progresiva?
La atrofia muscular progresiva, o AMP, se considera un subtipo de ELA que afecta principalmente a las neuronas motoras inferiores. Esto significa que los síntomas principales son la debilidad muscular, el desgaste (atrofia) y las fasciculaciones (contracciones musculares).
Las personas con AMP pueden experimentar una pérdida significativa de masa y función muscular, sobre todo en las extremidades. Aunque la AMP comparte muchas características con la ELA, a menudo progresa más lentamente y puede tener un impacto algo diferente en la supervivencia global en comparación con las formas más comunes de ELA.
¿Qué es la parálisis pseudobulbar?
La parálisis pseudobulbar, o PPB, es una afección que afecta a las neuronas motoras que controlan los músculos implicados en la deglución, el habla y la expresión facial. Estos músculos se conocen a menudo como músculos bulbares.
Cuando la ELA afecta primero a estas zonas, a veces se denomina enfermedad de inicio bulbar, y la PPB describe los síntomas resultantes. Esto puede provocar dificultades en el habla (disartria), la deglución (disfagia) y el control de las respuestas emocionales, como el llanto o la risa incontrolables, una afección conocida como afecto pseudobulbar (APB).
Síntomas de la ELA
Los síntomas de la ELA pueden variar significativamente de una persona a otra y a menudo dependen de qué neuronas motoras se vean afectadas primero.
¿Cuáles son los síntomas de la ELA en las mujeres?
Aunque la ELA afecta a los hombres con más frecuencia que a las mujeres, los síntomas en sí son generalmente los mismos.
Algunas investigaciones sugieren que las mujeres pueden experimentar una progresión de la enfermedad ligeramente más lenta en comparación con los hombres, pero no es una regla definitiva. Los primeros signos pueden incluir una sutil debilidad muscular en las extremidades, dificultad con las tareas motoras finas o cambios en la calidad de la voz.
A medida que la enfermedad avance, las mujeres, al igual que los hombres, experimentarán un aumento de la debilidad muscular y de la atrofia.
¿Cuáles son los síntomas de la ELA en los hombres?
A los hombres se les diagnostica ELA con más frecuencia que a las mujeres. Al igual que en las mujeres, los síntomas iniciales en los hombres pueden manifestarse de diversas formas.
Los primeros signos comunes incluyen espasmos musculares, calambres y rigidez, sobre todo en los brazos, las piernas o el tronco. Algunos hombres pueden notar dificultades con tareas que requieren fuerza o coordinación, como levantar objetos o caminar.
Las dificultades para hablar y tragar también pueden aparecer si la región bulbar se ve afectada desde el principio.
¿Cuáles son los primeros signos de la ELA?
Reconocer los primeros signos de la ELA es importante para buscar una evaluación médica oportuna. Estos signos suelen empezar de forma sutil y pueden confundirse fácilmente con otras afecciones. Pueden incluir:
Debilidad muscular: Suele ser el primer síntoma perceptible. Puede manifestarse como dificultad para levantar un brazo o una pierna, tropiezos o problemas de fuerza en el agarre.
Espasmos musculares y calambres: Pueden producirse fasciculaciones (espasmos) o contracciones musculares involuntarias, a menudo en los brazos, las piernas o la lengua.
Dificultades para hablar y tragar: La alteración del habla (disartria) o la dificultad para tragar (disfagia) pueden indicar que las neuronas motoras que controlan los músculos de la garganta y la boca están afectadas.
Fatiga: Un cansancio inexplicable o una sensación de pesadez en las extremidades puede ser un indicador temprano.
Cambios en la respiración: En algunos casos, sobre todo si el diafragma se ve afectado de forma temprana, las personas pueden experimentar dificultad para respirar, especialmente al acostarse.
A medida que la ELA avanza, estos síntomas suelen hacerse más pronunciados y generalizados. Los músculos pueden volverse visiblemente más pequeños y rígidos. Aunque la ELA afecta directamente a los músculos voluntarios, los músculos involuntarios, como los que controlan el corazón y la digestión, no suelen verse afectados.
Del mismo modo, la sensibilidad, la visión y la audición suelen permanecer intactas. En un subgrupo de personas, también pueden producirse cambios cognitivos junto con la degeneración de las neuronas motoras, incluidas dificultades con la función ejecutiva o demencia frontotemporal.
Diagnóstico de la ELA
Diagnosticar la esclerosis lateral amiotrófica puede ser un proceso complejo que a menudo implica una serie de pruebas para descartar otras afecciones que podrían causar síntomas similares.
No existe una única prueba que confirme definitivamente la ELA. En su lugar, los médicos suelen basarse en una combinación de un historial médico exhaustivo, un examen neurológico detallado y diversos procedimientos de diagnóstico.
El examen neurológico es una parte fundamental del proceso. Durante este examen, un profesional sanitario evaluará la fuerza muscular, los reflejos, la coordinación y el tono. Buscará signos de debilidad muscular, espasticidad y reflejos anormales característicos de la enfermedad de las neuronas motoras.
Se pueden utilizar varias pruebas para ayudar a confirmar el diagnóstico de ELA y excluir otras posibilidades:
Electromiografía (EMG) y estudios de conducción nerviosa (ECN): Estas pruebas evalúan la salud de los músculos y de los nervios que los controlan. Una EMG mide la actividad eléctrica en los músculos, mientras que los ECN miden la rapidez con la que las señales eléctricas viajan a lo largo de los nervios. En la ELA, estas pruebas pueden mostrar signos de daños en las neuronas motoras.
Análisis de sangre y orina: Se utilizan para descartar otras afecciones que pueden imitar a la ELA, como ciertas infecciones, trastornos autoinmunes o problemas metabólicos.
Resonancia magnética (RM): Una RM del cerebro y de la médula espinal puede ayudar a identificar otras afecciones neurológicas, como tumores, hernias discales o esclerosis múltiple, que podrían causar los síntomas. No diagnostica directamente la ELA, pero es importante para la exclusión.
Punción lumbar: Este procedimiento consiste en extraer una pequeña muestra de líquido cefalorraquídeo de la parte baja de la espalda. A continuación, el líquido se analiza para detectar signos de infección o inflamación que pudieran confundirse con la ELA.
Biopsia muscular o nerviosa: En algunos casos excepcionales, se puede extraer una pequeña muestra de tejido muscular o nervioso para examinarla al microscopio. Esto suele hacerse para descartar otras enfermedades musculares o nerviosas.
Un diagnóstico definitivo de ELA suele realizarse cuando hay indicios de degeneración de las neuronas motoras tanto superiores como inferiores en al menos tres regiones diferentes del cuerpo, y cuando se han descartado otras causas potenciales.
Qué causa la ELA
La razón exacta por la que algunas personas desarrollan ELA sigue siendo un misterio en la mayoría de los casos. Los neurocientíficos están explorando diferentes hipótesis y es probable que intervenga una combinación de factores.
¿La ELA es genética?
Aunque la mayoría de los casos de ELA aparecen sin antecedentes familiares (se denomina ELA esporádica), aproximadamente el 10% de los casos se transmiten de padres a hijos, lo que se conoce como ELA familiar. Existe la idea generalizada de que solo la ELA familiar es genética, pero no es del todo correcto. Ambos tipos pueden tener raíces genéticas.
A veces, incluso en la ELA esporádica, una persona puede tener un cambio genético que podría transmitirse, aunque ningún otro miembro de la familia padezca la enfermedad. Los investigadores han identificado varios genes relacionados con la ELA. El descubrimiento de estos genes ha supuesto un gran paso adelante porque ayuda a los científicos a comprender mejor la enfermedad y a trabajar en tratamientos dirigidos a estos problemas genéticos específicos.
Los investigadores teorizan que algunas personas podrían estar predispuestas genéticamente a desarrollar la enfermedad, pero que esta solo se manifiesta tras la exposición a un desencadenante ambiental. Se cree que la interacción entre la genética y los factores ambientales es clave para entender por qué se desarrolla la ELA en determinadas personas.
Para quienes estén preocupados por los vínculos genéticos, hablar con un asesor genético puede aclarar los patrones de herencia y los riesgos potenciales para los miembros de la familia.
¿Qué factores ambientales aumentan el riesgo de padecer ELA?
Aunque se siguen investigando las causas exactas de la ELA, los científicos analizan diversos factores que podrían desempeñar un papel. Se piensa que una combinación de predisposición genética e influencias ambientales podría contribuir al desarrollo de la enfermedad.
Algunas investigaciones sugieren que la exposición a ciertos factores ambientales podría estar vinculada a la ELA, aunque todavía se están investigando las conexiones definitivas. Estos posibles factores son objeto de estudios en curso.
Es importante recordar que la ELA puede afectar a cualquier persona, independientemente de su origen o estilo de vida. La comunidad científica sigue explorando todas las vías posibles para comprender mejor qué puede aumentar el riesgo de una persona.
Tratamientos para la ELA
El manejo de la esclerosis lateral amiotrófica implica un enfoque multifacético centrado en ralentizar la progresión de la enfermedad, controlar los síntomas y mejorar la salud mental general. Aunque actualmente no existe cura para la ELA, se han desarrollado varios tratamientos para abordar distintos aspectos de la enfermedad.
Medicamentos para la ELA
Varios medicamentos han recibido la aprobación para ayudar a controlar la ELA y sus afecciones relacionadas. Estos tratamientos pretenden proteger a las neuronas motoras, controlar los síntomas y abordar complicaciones específicas.
Riluzol: Este medicamento actúa reduciendo la cantidad de glutamato, un mensajero químico del cerebro que puede ser perjudicial para las neuronas motoras cuando se encuentra en niveles elevados. Al bloquear la liberación del exceso de glutamato, el riluzol puede ayudar a proteger a las neuronas motoras de posibles daños.
Edaravona: Se cree que la edaravona actúa reduciendo el estrés oxidativo, que puede dañar las células nerviosas. Se administra por vía intravenosa y también dispone de una formulación oral.
Bromhidrato de dextrometorfano y sulfato de quinidina: Este medicamento está aprobado para tratar el afecto pseudobulbar (APB), una afección que puede darse en personas con ELA. El APB provoca arrebatos emocionales incontrolables, como la risa o el llanto, desproporcionados con respecto a la situación.
Tofersen: Se trata de un tratamiento más reciente aprobado para personas con ELA asociada a una mutación genética específica (SOD1-ALS). Es la primera terapia diseñada para atacar una causa genética de la ELA y se administra mensualmente en el líquido cefalorraquídeo.
Más allá de estos medicamentos aprobados, las investigaciones en curso siguen explorando nuevas estrategias terapéuticas. Los ensayos clínicos investigan diversos enfoques, como la terapia génica, los tratamientos con células madre y nuevos fármacos candidatos, con el fin de encontrar formas más eficaces de ralentizar o detener la progresión de la ELA.
Es importante que las personas con ELA colaboren estrechamente con su equipo de atención médica para determinar el plan de tratamiento más adecuado, que a menudo incluye una combinación de medicamentos, terapias y cuidados de apoyo.
Asociación de ELA
Las organizaciones dedicadas a la ELA desempeñan un papel vital en el apoyo a las personas afectadas por la enfermedad, el avance de la investigación y la concienciación de la opinión pública. Estos grupos suelen ofrecer una gama de servicios que van desde la asistencia directa al paciente hasta la financiación de estudios científicos pioneros.
Las funciones principales de las asociaciones de ELA incluyen:
Apoyo al paciente y a la familia: Ofrecer recursos, información y conexiones comunitarias a las personas diagnosticadas de ELA y a sus familias. Esto puede incluir grupos de apoyo, materiales educativos y orientación para desenvolverse en el sistema sanitario.
Financiación de la investigación: Invertir en investigación científica para comprender las causas de la ELA, desarrollar tratamientos eficaces y, en última instancia, encontrar una cura. Esto incluye el apoyo a estudios de laboratorio y ensayos clínicos.
Defensa de derechos: Trabajar para influir en las políticas públicas y aumentar el acceso a la atención y los tratamientos para las personas con ELA.
Campañas de concienciación: Educar al público sobre la ELA, su impacto y los esfuerzos en curso para combatir la enfermedad.
Estas asociaciones suelen ser un centro neurálgico de información y asistencia para toda la comunidad de la ELA. Colaboran con investigadores, proveedores de atención médica y responsables políticos para conseguir un cambio tangible en la vida de los afectados por esta compleja afección neurológica.
Pronóstico de la ELA
La perspectiva para las personas diagnosticadas con esclerosis lateral amiotrófica varía significativamente, ya que la experiencia de cada persona con la enfermedad es única. En promedio, la mayoría de las personas viven unos tres años después del diagnóstico. Sin embargo, esto es solo una media y una parte notable de las personas vive más tiempo.
Alrededor del 30% de las personas con ELA sobreviven más de cinco años, y entre el 10% y el 20% pueden vivir 10 años o más. Sobrevivir más de dos décadas es posible, pero bastante inusual.
Determinados factores pueden asociarse con un pronóstico más favorable, como ser diagnosticado a una edad más temprana, ser hombre y experimentar síntomas que comiencen en las extremidades en lugar de en la región bulbar (que afecta al habla y a la deglución).
¿Cuáles son las perspectivas futuras de la investigación sobre la ELA?
La esclerosis lateral amiotrófica sigue siendo una enfermedad compleja y difícil, y aunque todavía no se dispone de una cura, se están realizando avances significativos.
Los tratamientos actuales se centran en el control de los síntomas y la mejora de la calidad de vida, y los medicamentos ofrecen diferentes vías de intervención. La investigación sigue explorando los factores genéticos y ambientales que contribuyen a la ELA, lo que permite comprender mejor sus mecanismos. El desarrollo de terapias dirigidas, como el tofersen para la SOD1-ALS, representa un esperanzador paso adelante.
La inversión continua en investigación y ensayos clínicos, junto con los cuidados de apoyo, es vital para avanzar en nuestra capacidad de combatir la ELA y, en última instancia, encontrar tratamientos eficaces y una cura.
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Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente la esclerosis lateral amiotrófica (ELA)?
La esclerosis lateral amiotrófica, a menudo llamada ELA o enfermedad de Lou Gehrig, es una enfermedad que afecta a las células nerviosas del cerebro y de la médula espinal. Estas células nerviosas, llamadas neuronas motoras, controlan los músculos. Cuando se descomponen, los músculos se debilitan y empiezan a dejar de funcionar.
¿Existen diferentes tipos de ELA?
Sí, existen varias afecciones relacionadas. La esclerosis lateral primaria (ELP) y la atrofia muscular progresiva (AMP) son similares, pero afectan a las células nerviosas de forma diferente. La parálisis pseudobulbar (PPB) afecta a los músculos utilizados para hablar y tragar. A veces, la ELA también puede afectar al pensamiento y al comportamiento, provocando una afección llamada demencia frontotemporal.
¿Cuáles son los primeros signos de la ELA?
Los primeros signos suelen consistir en debilidad muscular. Esto puede traducirse en tropezar más a menudo, tener dificultades para levantar cosas o notar que se arrastra la voz al hablar. También se pueden observar espasmos musculares o calambres, o que los músculos se vuelven más pequeños.
¿Los hombres y las mujeres pueden tener diferentes síntomas de ELA?
Aunque muchos síntomas son los mismos, algunos estudios sugieren que los hombres podrían tener más probabilidades de padecer ELA de inicio en las extremidades, lo que significa que empieza en los brazos o en las piernas. Las mujeres a veces pueden experimentar antes síntomas relacionados con el habla o la deglución. Sin embargo, la progresión y los síntomas generales pueden variar mucho en cada persona.
¿Cómo determinan los médicos si alguien tiene ELA?
Diagnosticar la ELA es un proceso. Los médicos comprobarán el historial médico, realizarán un examen físico y podrían utilizar pruebas como estudios de conducción nerviosa, pruebas musculares (EMG), exploraciones por resonancia magnética y análisis de sangre. Suelen descartar otras enfermedades que pueden causar síntomas similares antes de confirmar la ELA.
¿Qué causa la ELA?
En la mayoría de las personas con ELA, se desconoce la causa exacta. Los científicos creen que podría tratarse de una mezcla de factores, como tener una tendencia genética y estar expuesto a determinados factores ambientales. Solo un 10% de los casos de ELA son hereditarios.
¿Hay otros factores que puedan aumentar el riesgo de padecer ELA?
Los investigadores siguen estudiando este aspecto, pero se están analizando factores como la edad, la genética y, posiblemente, la exposición a determinadas toxinas o una actividad física intensa. Sin embargo, para la mayoría de las personas no existe un factor de riesgo claro que explique por qué han desarrollado ELA.
¿Cuáles son las perspectivas para una persona con ELA?
El curso de la ELA es diferente para cada persona. En promedio, las personas viven unos 3 años tras el diagnóstico. Sin embargo, algunas personas viven mucho más tiempo, incluso 10 años o más. Los avances en la atención ayudan a muchas personas a vivir mejor y durante más tiempo.
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Christian Burgos




